LOMA Orientadores Familiares

Artículos de interés para mejorar tu vida en familia


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Gerardo Castillo: Qué es ser joven (I)

 

Tomado del libro: Juventud reto y promesa, Editorial LOMA. 

La juventud no es simplemente una etapa del desarrollo bio-psicológico de una persona. Es, ante todo, un valor, y por ello está fuera del tiempo. La juventud es una virtud sin edad.

Los ideales nobles propios de la juventud se despiertan en la fase del desarrollo evolutivo denominada “adolescencia” (13 a 17 años) y “edad juvenil” (17 a 21 años). Pero estos ideales no terminan necesariamente en esta etapa, sino que pueden y deben incrementarse en edades posteriores. 

Ser joven es “no acostumbrarse”, no hacer de la existencia una tarea rutinaria y conformista: “Juventud es capacidad de asombro, es posibilidad de estrenar continuamente la propia vida y posibilidad de asumir el universo entero y a todas las personas, dotándolas de un vivir nuevo, el que uno mismo estrena”. (1)

¿Por qué ser joven es ser capaz de asombrarse? Porque “la persona que tiene capacidad de admirar y adorar, de percibir lo perpetuamente nuevo, es la persona que no está ‘gastada’, que siempre puede ‘dar más de sí’, es decir, la persona que es ‘nueva’ o que es ‘joven'”. (2)

La persona vieja es, por el contrario, la que pierde la capacidad de admirarse de lo que hay dentro y fuera de ella. En esa situación deja de captar lo nuevo y no puede dar más de sí.

Ser joven es también y sobre todo tener inclinado el corazón hacia las cosas grandes: la verdad, la justicia, el amor, la libertad, la Patria, Dios… Esto significa tener ideales que atraen por su nobleza y belleza. Los ideales invitan a la persona a olvidarse de sí misma, a sacrificar algunos de sus deseos en beneficio de otras personas.

Algunos jóvenes confunden los ideales con los objetivos. Un joven que se ha propuesto hacer una carrera, obtener buenas calificaciones y encontrar un buen puesto de trabajo tiene tres objetivos muy encomiables, pero no puede decir que tenga tres ideales. Detrás de un objetivo puede haber motivos elevados (servir a los demás…) o motivos pobres (satisfacer deseos y apetencias personales, conseguir el éxito o el poder, etc.). Un objetivo será más valioso si es visto por la persona como un instrumento para conseguir algo que está más allá (un valor noble, un ideal elevado). No basta el resultado por el resultado. Es preciso esforzarse en función de valores.

Los objetivos buscan resultados que se pueden conseguir o conquistar totalmente en un tiempo limitado. Los ideales contienen valores que nunca se logran de un modo pleno. Esto hace que los ideales tengan una vigencia permanente en la vida humana.

Las personas auténticamente jóvenes no se conforman con tener objetivos. Necesitan valores que den sentido a su vida: “ser joven significa ser capaz de apreciar la sinceridad; significa buscar el camino de una vida digna y noble. (…) Ser joven significa tener ganas de vivir, pero de vivir con alegría, con sentido: vivir una vida digna de ser vivida. Ser joven significa estar lleno de ideales y esperanzas”. (3)

(…) A la persona verdaderamente joven le basta ser lo que es -ser fiel a sí misma, a sus ideales-. Pero esta fidelidad supone una lucha personal. La lucha es especialmente necesaria en la época de la ‘primera juventud’ (adolescencia y edad juvenil), porque es la ‘edad de los contrastes’: “Por una parte lo noble; por otra, lo mezquino. Es la edad de los grandes ánimos y de los grandes desánimos; la edad de las victorias y las derrotas. Lo importante, por tanto, es que sea verdaderamente la edad de luchar“. (4)

Gerardo Castillo

(En la próxima entrega enumeraremos más características sobre la juventud)

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(1) CHOZA, J.: La supresión del pudor y otros ensayos, op. cit., p. 55.

(2) Ibídem, p. 55.

(3) Cfr. Juan Pablo II a los jóvenes, op. cit., p. 36.

(4) BURKE, C.: Los ideales en la adolescencia. Suplemente de la revista “Mundo Cristiano”, Madrid, 1984.

 

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Y para las mamás, ¿qué hay?

Acento de Mujer
Por Lourdes Casares de Félix

Estos días previos al festejo del  Día de la Madre los medios de comunicación se saturan con anuncios de productos para hacerle el mejor regalo a la progenitora o bien se anuncian lugares donde la homenajeada se la pueda pasar feliz en su día.

Más allá de lo que se le pueda ofrecer a la madre en un día, podríamos preguntarnos ¿Cuál es la situación de las madres en México? ¿Cuáles son las políticas públicas que las protegen? ¿Qué necesidades y cuidados se requieren para asegurar la protección materno-infantil?

Se ha logrado un avance en materia de apoyo en los alumbramientos  al reconocer la actividad de las parteras en nuestro país a través de la inclusión de sus funciones en la Ley General de Salud lo cual constituye un gran beneficio para las mujeres embarazadas que se encuentran lejos de centros de salud y que el traslado les resulta difícil. Hoy se habla de un parto humanizado que respete las necesidades fisiológicas y emocionales de la mujer antes, durante y después del parto, sin intervenciones innecesarias. Esto incluye la reducción de cesáreas y fortalecer la confianza en la capacidad natural de parir en beneficio de la salud de la madre y el bebé.

De acuerdo a cifras del Consejo Nacional de Población (CONAPO) en México 86% del total de hogares monoparentales (solo hay un padre), están encabezados por una mujer. Así las cosas, de acuerdo a recientes estadísticas, en la ciudad de México 9 de cada 10 litigios de divorcio fueron mujeres demandando pensión alimenticia. En ese sentido dos entidades federativas, Distrito Federal y Tamaulipas, han modificado sus Códigos Civiles para cambiar la manera en que se determina la pensión alimenticia cuando no es tan factible comprobar los ingresos del demandado.  Y es que aun cuando la cobertura de los alimentos (entendiéndose esto como la satisfacción de vestido, habitación, atención médica y en el caso de los menores, educación) se ha ampliado, siguen presentándose situaciones en los que los deudores evaden su compromiso y por ende, se facilita la desprotección de los hijos.

Ante la importancia por salvaguardar este derecho, recientemente la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se pronunció por la posibilidad de que un menor presente una demanda de reconocimiento de paternidad y pensión alimentaria, aunque exista una resolución a favor del padre absolviéndolo de tales obligaciones.

Esta resolución responde a la necesidad de promover una cultura de protección de los niños. De hecho otra acción más pero a manera de propuesta legislativa, es la de garantizar el cumplimiento de la obligación alimentaria de acuerdo no a los ingresos del deudor, como se ha estado calculando, sino con base a sus egresos. De esta manera no habrá posibilidad de que el padre-deudor oculte o mienta sobre el monto de sus ingresos, caso desafortunadamente muy común en la actualidad.

Estos avances legislativos apoyan la crianza bajo la tutela de la madre y ayudan a reducir la pobreza, la marginación y por ende el crimen organizado que amenaza con adueñarse del país. Estas medidas deberían ser una realidad en todos los Estados y no serían precisamente un regalo a la madre sino un derecho que fortalecería a las familias monoparentales que beneficiaría a todo México.

acentodemujer@hotmail.com


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Cuando los problemas parecen no tener solución…

ImagenCuando en la familia los problemas crecen, se complican, y sus miembros no son capaces de llevar a cabo este proceso por sí mismos, será necesario que acudan a un experto que les ayude a descubrir cuál es el problema real, ya que muchas veces la subjetividad de cada uno les impide ver la realidad tal cual es, las causas que han generado el problema, la responsabilidad que cada uno ha tenido en la creación y crecimiento del mismo para que,  luego de descubrir todo esto, puedan tomar decisiones acertadas para su solución mediante cambios en la conducta personal.

También necesitarán apoyo periódico para revisar cómo van llevando a cabo lo decidido, para evaluar los avances, rectificar las decisiones cuando se descubra que no fueron acertadas y motivarles para continuar en el esfuerzo por resolver sus problemas y mejorar sus relaciones familiares.

Algunas veces será necesario otro tipo de especialista. Por ejemplo un psicólogo o un psiquiatra, de acuerdo a la patología que uno o más miembros de la familia presente. En esos casos el trabajo del psicólogo o psiquiatra, que atenderá a la persona que presente algún trastorno de personalidad o alguna enfermedad psiquiátrica, requiere ser complementado con el trabajo del orientador familiar para ayudar a los demás miembros de la familiar en apoyo de quien está siendo atendido por el especialista. Muchas veces lo que el especialista logra con el paciente, la familia lo revierte por no comprender cómo debe tratarlo mientras recupera la salud. Un ejemplo típico es el caso del enfermo depresivo que muchas veces es incomprendido por el resto de la familia quienes en lugar de ayudarle empeoran su situación por la forma de tratarlo en el ambiente familiar.

Puedes pedir una cita para consulta de orientación familiar en LOMA a los teléfonos 5550 9369 y 5550 2846.

Orientadores Familiares titulados por LOMA y/o la Universidad de Navarra, España.


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El sentido de la vida en los jóvenes


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Importa mucho ayudar a los jóvenes a descubrir qué es lo que quieren, auxiliándoles en el conocimiento de los valores que le dan sentido a la vida.

Aun cuando algunas corrientes de pensamientosostienen que los valores son realidades subjetivas, es innegable el carácter objetivo de los mismos. Un valor es un ideal objetivo que no depende de la opinión y apreciación de cada uno. Por señalar algunos: la libertad, la amistad, la honradez, la lealtad, la responsabilidad, la fortaleza, el amor, son valores aunque la mayoría dejara de considerarlos.

Un motivo es un valor interiorizado, luego, cuando se interiorizan los valores se convierten en motivos serios de la conducta humana, favoreciendo el entendimiento de uno mismo y de los demás, animando a establecer metas valiosas en la vida, a encontrar sentido a todo aquello que se hace, a actuar con responsabilidad, a resolver conflictos.

Conviene atender, también, a aquellas necesidades humanas concretas que surgen en cada etapa de la vida que, a su vez, tienen relación con un tipo de valores.

En la tercera infancia aparecen las «necesidades sociales». El niño necesita pertenecer a un grupo de compañeros. En esta época se obra en función de valores sociales como la camaradería, la generosidad y la solidaridad.

En la adolescencia surgen las «necesidades del yo». Ahora le importa mucho ser alguien y digno, ante él y los demás. Obra en función de valores afectivos, comprensión, confianza. Debe aprender a distinguir la amistad de la complicidad por ser opuestas. El amigo, es capaz de dar la vida por uno. El cómplice, de quitarle la vida a uno.

En la juventud se dan las «necesidades de autorrealización». Se plantea la vida como realización de proyectos. Quizá sienta malestar e insatisfacción en la búsqueda de la autenticidad ante una existencia superficial. Sin embargo, llega el momento en que toma conciencia de sí, descubre sus verdaderas aspiraciones, conoce sus cualidades y límites, y los acepta, manteniendo relaciones auténticas con los demás.

Necesita poner los medios necesarios para descubrir el sentido de la vida, encaminando su conducta en función de valores. Por ejemplo, acercándose lo más posible a la verdad, a la belleza y a la bondad, para orientar sus pasos hacia la sabiduría, la armonía y la felicidad. De no hacerlo, acabará engañándose con falsas expectativas que sólo le provocarán vanas ilusiones. Una pseudociencia, una pseudolibertad, una liberación ingenua de la sexualidad, peligrosísimas en esta edad, pueden hacerlo presa fácil de la manipulación, encauzándolo al «vacío existencial».

Si confunde libertad con espontaneidad; liberación con independencia; verdad con lo útil o placentero; sinceridad con falta de pudor; bien común con intereses individuales; amor con sexo, corre el riesgo de equivocar el camino, incurriendo en el “confusionismo de los valores” tan extendido en la sociedad de hoy.

Es necesario advertir que unos valores valen más que otros con objeto de jerarquizarlos. Entre los valores rectores de los demás, hay que distinguir los valores religiosos y los morales.

Si no encuentra los valores verdaderos, tiene muchas posibilidades de caer en la «frustración existencial», quedando su existencia desposeída de un significado que la haga digna de ser vivida. Si a esto se agrega la imperante sociedad del bienestar, y la ociosidad, se alejará cada vez más del bien ser, provocándole sensación de inutilidad. Esto lo puede afrontar por vía de evasión o de superación. Evadiéndose (activismo, velocidad, confort, alcohol, drogas, sexo, etc.) no sólo no resolverá nada, sino lo incrementará. Sólo la superación es el camino acertado; procurando crecer en valores auténticos, a nivel humano y a nivel sobrenatural, encontrando así el verdadero significado de su existencia.

Juan Pablo II aconseja a los jóvenes diciéndoles: «La juventud como superación, como crecimiento en valores, responde a lo que es la vida humana. La vida es una prueba; es la gran prueba del hombre; es una prueba de carácter ético. Esto es precisamente lo que hace que la vida tenga sentido para el hombre».

José Antonio López Ortega Müller