LOMA Orientadores Familiares

Artículos de interés para mejorar tu vida en familia


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¡Tú puedes ser el mejor padre de tus hijos!

ImagenPor: Raúl Espinoza Aguilera
Blog: www.raulespinozamx.blogspot.com

-¿De manera que para ser buenos padres hay que prepararse y estudiar?-me decía asombrado un joven obrero de unos 34 años, casado y con cinco hijos.

Esta era su conclusión, al término de una intensa capacitación de orientación familiar que varios directivos y profesores de “Educar, A. C.” impartimos a cuarenta padres de familia un fin de semana en una tranquila exHacienda de Morelos.

Me llamaba la atención que a medida que las conferencias y pláticas se desarrollaban, iban anotando muchas conceptos que consideraban útiles y aprovechables, haciendo preguntas, aclarando sus dudas con mucho interés, por ejemplo, acerca de la libertad responsable; las virtudes y valores que hay que inculcar en los hijos de acuerdo a su edad; el ayudarles a ser ordenados y aprovechar bien su tiempo; el ser generosos, obedientes y dóciles hacia sus padres, mayores y profesores; la educación en la fortaleza y la fuerza de voluntad; el ahorro y el uso del dinero; la educación en el carácter y en los sentimientos; importancia de ser sencillos y sinceros; la educación en la sexualidad bien orientada; el ser medidos en el comer y en el beber; el crecimiento y desarrollo en el espíritu de trabajo y rendimiento escolar…

Recuerdo que a algunos papás les tomó por sorpresa el tema de animar a los hijos, al llegar a la adolescencia, a ser autosuficientes, independientes, que se valieran por sí mismos y que aprendieran a cortar “el cordón umbilical paterno-filial”, siendo a la vez hijos obedientes, que pidieran los permisos necesarios, pero maduros. De igual manera, la educación en cultivar selectas amistades y el crecer en la capacidad de ser más sociables.

También se les hizo énfasis que no podían permitir sus hijos se convirtieran en “una especie de extraños moluscos”, siempre metidos en sus habitaciones a modo de “cómodas conchas”, entretenidos con la computadora, los celulares, chateando o en las redes sociales, viendo videos o bajando música porque en medio de tantos medios de comunicación, muchas veces no daban prioridad a sus estudios y tareas por cumplir y, por otra parte, era común el fenómeno de chicos aislados, retraídos, tímidos, con poquísimos amigos o con inseguridades a socializar con chicas de su edad.

Claro está que, en medio de este curso, se combinaban las actividades deportivas: ¡y los buenos partidos de fútbol no podían faltar!; los ratos recreativos como practicar la natación, subir algunos montes o cantar con la guitarra y el órgano melódico del maestro de música. Todo ese ambiente agradable se prestaba a que los padres comentaran o pidieran consejos, en plan personal, sobre qué hacer ante la formación de un hijo un tanto rebelde o con poco interés por los estudios.

-Es fundamental –le insistía a uno de ellos- que ustedes como padres de familia y nosotros como directivos y profesores, hagamos una labor de equipo –como en el fútbol- para ayudar mejor en la formación de sus hijos. A menudo sucede que los alumnos dan la impresión de ser estudiantes aplicados y “bien portaditos”, pero en casa tienen actitudes marcadamente egoístas y no se prestan a ayudar a su madre ni en las más mínimas tareas del hogar, o bien, ocurre con frecuencia que en la escuela se les enseñe la importancia de decir siempre la verdad pero al observar que sus padres mienten con facilidad, les producen mucho desconcierto y terminan por imitarles.

-Ahora veo con claridad –me decía otro padre de familia en el autobús de regreso de la exHacienda al colegio ubicado en Ixtapaluca- que es toda una ciencia el arte de educar acertadamente a los hijos y tengo que ponerme a estudiar en serio. Así que tendremos que platicar con regularidad, ¡porque quiero ser el mejor padre para mis hijos!-concluyó entusiasmado (1). (www.yoinfluyo.com)

(1) Confrontar Isaacs, David, “La Educación de las virtudes humanas y su Evaluación”, Editorial Minos III Milenio, México, 2011. 473 páginas. Se puede adquirir en el portal: http://www.minostercermilenio.com.


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El desarrollo de motivos valiosos en los jóvenes

teensPor: José Antonio López Ortega Müller

No es posible la educación de la voluntad de los hijos o de los alumnos, si los padres y los profesores no despiertan en ellos motivos fuertes, valiosos y permanentes.

Para poder hacer algo que cuesta, se necesita quererlo hacer, es decir, poner en juego la voluntad. Los motivos son lo que mueven a la voluntad, se les llama también palancas de la voluntad. Es muy difícil aprender alguna cosa si no se espera conseguir algún bien a través de aquello aprendido.

La cuestión clave en el desarrollo de la voluntad consiste en la interiorización de los valores —un motivo es un valor interiorizado—. Por ejemplo, cuando un niño o un joven descubren que el estudio es un valor, ya no hay necesidad de decirle que estudie, porque lo hará por propia iniciativa. Ha tomado al estudio como algo propio, considerándolo un motivo. En la educación de la voluntad es necesario iluminar el entendimiento del educando, con el fin de que se incline al verdadero bien, y no a un bien aparente, entonces, la voluntad tenderá, efectivamente a un bien.

Esto exige informar a los hijos sobre la bondad y malicia de los actos; ayudarles a descubrir una jerarquía de valores, enseñándoles a distinguir entre verdaderos y falsos valores.

Los valores y motivos nobles, elevados, jerarquizados en torno a uno que les da unidad y sentido, constituyen el ideal. El ideal es la gran energía que mueve la voluntad.

La educación de la voluntad requiere despertar en los educandos ideas claras sobre qué es lo que quieren de verdad en la vida, sin confundirlo con los simples deseos, gustos o caprichos. Incluye, además, estimular sentimientos subordinados a esas ideas. Se trata de conseguir una inclinación positiva hacia lo noble, lo bello, lo bueno, lo verdadero, lo honesto, lo limpio, lo elevado. Para esto es necesario que los educadores —padres y profesores— sepan presentar de modo atractivo los fines valiosos que se logran con conductas morales buenas. Esto significa hacer atractiva la virtud, evitando que aparezca como algo propio  de personas extrañas, raras, tristes o antipáticas.

Las virtudes no se hacen atractivas rebajando la exigencia, yendo por la línea fácil, sino presentándolas tal como son, mostrándolas por medio del testimonio personal, viviéndolas con alegría, naturalidad y lucha diaria.

Este planteamiento va favoreciendo en el educando que su voluntad se enamore de los verdaderos valores y se decida a poner los medios para vivirlos, en medio de dificultades.

En la medida en que se ayude a los hijos a descubrir el valor que hay detrás de cada actividad, les facilitará encontrar el sentido a sus acciones.

Conviene, de todos modos, no exagerar la función del interés y de la motivación. En la vida hay situaciones que no agradan y que es preciso afrontar. Es bueno que los hijos se acostumbren a hacer cosas que no les gustan y a trabajar cansados y desmotivados. También es conveniente enseñarles a interesarse voluntariamente en aquello que en principio no les interesa, por ello, se requiere hablar de la necesidad y del valor del esfuerzo. Además éste debe presentarse como es, sin disfrazarlo con conductas menos exigentes. Hay que aclarar, por ejemplo, que no se puede aprender jugando, que no hay aprendizaje sin esfuerzo. Y añadir que el esfuerzo es empleo enérgico del vigor, brío o actividad del ánimo para conseguir algo realmente dificultoso.

Eugenio D’Ors decía que en la educación y en el aprendizaje es preciso evitar la superstición de lo espontáneo, que implica repugnancia hacia los medios fatigosos de aprender. Para él no hay educación ni humanismo sin la exaltación del esfuerzo, de la tensión en cada hora y en cada minuto. Por eso proponía rehabilitar el valor del esfuerzo, de la disciplina de la voluntad, ligado no a aquello que place, sino a aquello, que en ocasiones, displace. Añadía el mismo autor, que cuantos están sometidos a la superstición de lo espontáneo, han querido llevar hasta su extremo lógico la metodología de lo razonable, de lo intuitivo, de lo fácil, de lo atrayente, del interés sin conocimiento previo, han tenido que confesar si son sinceros, su fracaso.


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La relación entre hermanos: entrenadora para la vida social

988311_320521778087557_486421278_nHoy en día las familias tienden a ser muy pequeñas. No cabe duda de que la publicidad es capaz de cambiar la forma de pensar y de vivir de las personas. Son mayoría las familias que tienen un solo hijo o, cuando mucho, dos.

Yo me pregunto, ¿cómo influirá esta forma de familia en el desarrollo y la educación de los niños de hoy?

Hay muchas cosas que a los hijos únicos les será muy difícil aprender porque la relación de los hermanos en el ámbito familiar resulta un aprendizaje irremplazable de los valores sociales, que son exactamente los mismos que algunos valores familiares como: Respeto, comprensión, tolerancia, solidaridad, generosidad, cortesía, amabilidad, etc.

Entre los hermanos, hasta los pleitos resultan de gran utilidad en su educación cuando los padres saben manejarlos adecuadamente. A los papás les preocupa y les hace sufrir el que sus hijos se peleen, sin embargo con ocasión de esos pleitos los niños pueden aprender dos cosas indispensables para vivir en sociedad: defender sus derechos y respetar los derechos de los demás. Los papás pueden ayudar mucho haciendo ver a los niños cuál es el derecho de cada uno y motivándoles a llegar a una solución cordial por el reconocimiento de los mismos.

Es importante que los padres dejen claro a los niños qué le corresponde a cada uno. En la familia hay muchos bienes y espacios que podemos compartir con los demás, pero también existen cosas y lugares que son propiedad particular y espacio propio de cada uno.

Cuando esto se reconoce, se puede pedir a los niños que defiendan lo suyo y respeten lo ajeno. Esta es una regla básica de la convivencia humana; es lo que tendremos que saber hacer en el ámbito social, en nuestra relación con los demás.

La primera causa de competencia, envidia y celos entre hermanos es el cariño de los padres. Por eso los padres deben evitar comparar a sus hijos, así como mostrar preferencia por alguno de ellos, ya que esta preferencia por alguno es percibida por los hermanos como un rechazo hacia ellos.

Cada hijo necesita sentirse satisfactoriamente amado por ambos padres para evitar los celos que le hacen sufrir a el, a sus hermanos y hasta a los padres.

También es importante enseñar a los niños a pedir perdón así como a perdonar, ya que la convivencia familiar ofrece una y mil ocasiones para ello. Sin el desarrollo de estas dos habilidades, es prácticamente imposible cultivar unas buenas relaciones familiares.

O.F. Ma. Teresa Magallanes Villarreal
Centro de Ciencias para la Familia LOMA


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Dinero: Enseñar a ganarlo, gastarlo, ahorrarlo y darlo

ImagenLa educación familiar debe abarcar todos los aspectos del desarrollo de los hijos para prepararlos para una vida feliz. La educación en el buen uso del dinero no es la excepción.

Hay que partir del principio “El dinero no es un fin es sólo un medio”. Si logramos que los niños entiendan esto habremos dado el primer paso en su educación económica o financiera.

¡Qué duda cabe de que el tema del dinero puede ocasionarnos muchos problemas!, sobre todo si no se educa adecuadamente.

Los padres son quienes deben educar a sus hijos en el uso del dinero, enseñándoles desde pequeños, con la palabra y el ejemplo, cuatro cosas: a ganarlo, gastarlo, ahorrarlo y darlo.

1. Ganarlo: Los padres debemos enseñarles que “el dinero se gana trabajando”. Con esto están educando en los valores de la honestidad, la responsabilidad y la laboriosidad. La vida familiar ofrece oportunidades propicias para esta educación. Los papás pueden asignar a sus hijos algunas labores extraordinarias con una retribución económica. Por ejemplo: pintar alguna habitación, lavar las ventanas o el coche, podar el pasto, etc., algo que no es su obligación habitual. Habrá que dejar claro a los niños que no todo lo que hagan merece pago, sino sólo lo extraordinario. Conviene también que los papás den a los niños alguna pequeña cantidad de dinero sin que éstos tengan que hacer nada para obtenerlo.

2. Gastarlo: Es muy importante enseñar a los niños a usar bien el dinero de que disponen,  en primer lugar para lo necesario, en segundo para lo conveniente y en tercero para lo superfluo, siempre que no sea algo nocivo.

Para empezar hay que dar a cada hijo una pequeña cantidad, si son muy pequeños sólo para comprar alguna golosina los domingos, (4 a 6 años). Cuando van a la primaria hay que darles un poco más de dinero para toda la semana pero con la instrucción de que les tiene que alcanzar para comprar algo  a la hora del recreo, así como lo que les haga falta, por ejemplo: reponer el lápiz que se les terminó o el sacapuntas que extraviaron.  Una semana es un plazo adecuado ya que a esa edad aún no tienen una idea apropiada del tiempo.

Conforme crecen, habrá que aumentar la cantidad de dinero que se les da para que lo administren, en plazos más largos y para satisfacer otras necesidades. Por ejemplo, si van a la secundaria, deben usar el dinero que se les da quincenalmente para útiles escolares, transporte, peluquería, etc. En realidad son gastos que los padres tienen que hacer por los hijos, pero es más educativo que ellos aprendan a usar el dinero que les dan sus papás, encargándose de cubrir esas necesidades.

Sería muy bueno que cuando los hijos ya van a la universidad, sus padres sigan cubriendo sus necesidades, pero los jóvenes empiecen a pensar en algún trabajo honrado que, sin que descuiden sus estudios, les pueda generar un ingreso extra para obtener diversos bienes que sus papás no pueden, o no tienen la obligación de pagar.

3. Ahorrarlo: También es importante enseñar a los hijos a guardar alguna parte del dinero que reciben de sus papás, tal vez para algo que quieren tener que les haga mucha ilusión, que no sea un bien estrictamente necesario y que los padres no puedan o  por la razón que sea decidan no comprar. Es muy educativo que los niños entiendan lo que abarca la responsabilidad de los padres y lo que no es su obligación. Los papás deben cubrir todas las necesidades de sus hijos; si sus recursos les alcanzan pueden darles cosas que no son necesarias, pero no están obligados a ello.

Esto deja un margen para que los hijos piensen en la necesidad de ahorrar del dinero que reciben para obtener cosas buenas que sus papás no les darán. A futuro, ese hábito del ahorro, sobre todo cuando no se trata de acumular dinero sin sentido (cosa que haría de los hijos unos avaros), sino de ahorrar para bienes que se quieren obtener en el futuro y para emergencias que pueden surgir y para las que conviene estar preparados.

4. Darlo: Conviene también que se enseñe a los hijos a dar de su dinero, tanto dentro de la familia, por ejemplo comprando algún detalle o regalo para un hermano, sus papás, o para ayudar a personas necesitadas. Es bueno que entiendan que de todos los bienes que tenemos somos administradores y que los que tienen necesidades básicas no resueltas son candidatos a recibir de lo nuestro. Con esto se educa la virtud de la generosidad, como expresión del amor entre los seres humanos, que favorece la sana convivencia y produce enormes satisfacciones a nivel de la afectividad. “Da más alegría el dar, que el recibir”. 

O.F. Ma. Teresa Magallanes Villarreal

Centro de Ciencias para la Familia LOMA


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Tips para unir y fortalecer a tu familia

family-reunionPor la O.F. María Teresa Magallanes Villarreal

1.    Procura mejorar la comunicación con todos los miembros de tu familia, sólo así puede cultivarse el amor.

2.    Cultiva especialmente la relación con tu esposa(o), esta es  la clave de la unidad familiar.

3.    Piensa, y evita actuar bajo la influencia de una reacción emocional.

4.    Recuerda que el sentido del humor no consiste en reírse de los demás sino en descubrir lo positivo en cualquier persona o circunstancia.

5.    Perdona las faltas y errores de los demás, recordando que también tú te equivocas.

6.    Participa en las tareas del hogar y procura que todos los miembros de la familia lo hagan.

7.    Comenta principalmente las cosas positivas antes que las negativas.

8.    Interésate por lo que ocurre o preocupa a tu esposa(o) y tus hijos.

9.    Ofrece a los demás toda la ayuda que sea necesaria y posible.

10.  Reconoce tus errores y faltas y pide perdón, aún a tus hijos.