LOMA Orientadores Familiares

Artículos de interés para mejorar tu vida en familia


Deja un comentario

Del noviazgo al matrimonio

Por Ma. Teresa Magallanes V.

Sabemos bien cómo puede empezar una relación entre hombre y mujer. Sin embargo, nunca se sabe cómo terminará. A veces todo comienza por compartir el salón de clase o los recesos en la universidad. Otras, porque se comparte el lugar de trabajo o porque se tienen amigos en común o incluso por ser una extensión de las relaciones familiares. Hoy en día, no son raros los casos de quienes se conocen a través de las redes sociales.

Hay relaciones entre un hombre y una mujer que se conservan en un nivel de amistad, sin que ninguno de los dos tenga interés de que ésta evolucione en sentido alguno. Otras veces, aunque así fue por algún tiempo, es posible que uno o los dos empiece a tener otro tipo de interés por el “amigo(a)”. La relación de amistad entre hombre y mujer se basa totalmente en el carácter de persona de ambos y no tiene nada que ver con su sexo.

Todos nos relacionamos desde lo que somos, hombre o mujer, pero podemos tener amistad con una persona independientemente de si es de nuestro sexo o de sexo diferente.

Cuando el interés de los amigos comienza a centrarse en el otro como sexualmente diferente, la relación cambia y tiende a convertirse en un noviazgo.

El noviazgo supone una decisión más o menos formal de profundizar en el conocimiento mutuo. Esto en virtud de que se ha iniciado un proceso amoroso, distinto a la amistad (que también es una forma de amor).

El proceso amoroso se basa en la comunicación y ésta genera el conocimiento propio y del otro. Del éxito de esta dinámica depende que el amor se desarrolle y madure a lo largo del tiempo.

¿Cuánto puede tomar a unos novios el madurar en el amor para pensar en tomar una decisión de por vida, llamada matrimonio?

El amor del noviazgo es un amor que tiende naturalmente a la unión. Al principio, esta tendencia se experimenta como la necesidad de compartir algunos tiempos. Poco a poco, la necesidad de pasar más tiempo juntos se siente con mayor intensidad. No se trata solamente de compartir el tiempo, se trata de profundizar en el conocimiento y crecer en el amor; se trata de conocer los ideales y los sueños del otro y dar a conocer los propios. Poco a poco, van empezando a compartirse dichos sueños y empiezan a forjar un proyecto común. En esta etapa de la relación, se empieza a experimentar tal identidad de proyecto de vida que ambos lo expresan con la frase “Yo, ¡ya no puedo vivir sin ti!” Además, en la medida en que el amor crece, su tendencia a la unión va reclamando también la unión sexual; sin embargo, esta unión es propia de un hombre y una mujer que se pertenecen uno al otro y ese no es el caso de los novios. Ellos se encuentran ahora ante la disyuntiva de lanzarse a ser, para siempre, el uno del otro, a establecer entre ellos esa unión total e irrevocable que llamamos matrimonio y que, por su propia naturaleza constituye la base de la fundación de una familia.

Según el Dr. Pedro Juan Viladrich[i], “el matrimonio es la fórmula óptima de relación sexual”. Por eso, cuando el noviazgo ha madurado, el amor ha crecido y las condiciones de autonomía e independencia de los novios están dadas, es el momento de plantearse la conveniencia de fijar la fecha para iniciar su matrimonio. Quién lo proponga, es algo que no tiene importancia. Existen ciertos rituales culturales que no necesariamente son indispensables. Lo importante es que el primero que detecta que “ha llegado la hora”, lo pregunte al otro, no sin miedo de recibir una respuesta inesperada.

Es muy importante respetar el desarrollo del proceso amoroso para llegar a iniciar un matrimonio con grandes posibilidades de éxito. No debe iniciarse un matrimonio antes de que la relación haya madurado lo suficiente pero, tampoco conviene aplazar la decisión cuando las condiciones están dadas. Hago mención de la autonomía y la independencia porque el matrimonio es cosa de adultos y no de jóvenes inmaduros y menos aún de adolescentes entusiastas.

Es necesario que los novios sean totalmente capaces de tomar decisiones personales libres, sin la influencia de otras personas. También es necesario que sean emocional y económicamente independientes. Si es indispensable la ayuda de “papi” para poner el departamento y pagar todos los gastos de la boda, parece que no es aún el momento de casarse. Si existe un apego excesivo entre cualquiera de los novios y sus “papis” tampoco es conveniente casarse. Hay que tomar en cuenta que la madurez del amor y el noviazgo dependen totalmente de la madurez de las personas.

En conclusión, para saltar del noviazgo al matrimonio, se necesitan un hombre y una mujer con la madurez necesaria para una decisión para toda la vida; un noviazgo y un amor maduros que augure el éxito matrimonial, porque no se trata de ver “si el matrimonio funciona”, se trata de un hombre y una mujer que se comprometen a hacerlo funcionar.

 

 

[i] Viladrich P. J., El compromiso en el amor, Ed. LOMA

Anuncios


Deja un comentario

Educación para el amor, el noviazgo y el matrimonio (3)

Última entrega de la serie:

El matrimonio

ImagenLa preparación para el matrimonio tiene tres etapas: la preparación remota es la que se cubre mediante el ejemplo que los jóvenes han visto en su familia, principalmente, por el trato que hay entre sus padres, por el concepto de matrimonio que han adquirido desde niños.

La preparación próxima para el matrimonio es precisamente el noviazgo del que hemos hablado antes.

La preparación inmediata: sería deseable que todos los aspirantes al matrimonio hicieran un buen curso pre-matrimonial, donde tengan la oportunidad de terminar su preparación ayudados por orientadores familiares especialmente preparados para ese tipo de cursos.

Habría que animar a las parejas que empiezan a pensar en casarse a participar en ese tipo de cursos.

CUADRO COMPARATIVO DE LAS RELACIONES DE AMISTAD, NOVIAZGO Y MATRIMONIO

AMISTAD

NOVIAZGO

MATRIMONIO

Entre dos personas de cualquier sexo Entre un hombre y una mujer Entre un hombre y una mujer
No decidida, espontánea Por decisión libre de ambos Por decisión libre de ambos, expresada ante la sociedad
Temporal o duradera Temporal, por fuerza Permanente
Encuentros ocasionales y frecuentes. Relación más cercana para conocerse. Conviven y comparten todo
Manifestaciones de amor asexuales Manifestaciones de amor prudentemente limitadas Manifestaciones de amor sin límite
No relaciones sexuales No relaciones sexuales Relaciones sexuales de acuerdo a lo natural
No hijos No hijos Hijos si
No exclusiva Exclusiva, leal Exclusiva, fiel


¿Por qué llegan algunos novios a las relaciones sexuales?

  • Falta de información sobre la diferente respuesta sexual entre el hombre y la mujer
  • Imprudencia: soledad de dos, noviazgo demasiado largo, encuentros en la oscuridad, el alcohol, pornografía en el cine y la TV, manifestaciones de cariño sin medida.
  • Concepto erróneo del amor
    • Falta de formación de la conciencia moral
    • Falta de educación de la libertad
    • Falta de desarrollo de la voluntad
    • Falta de autodominio: la razón no gobierna a los instintos, las emociones y las pasiones.
    • Falta de desarrollo de virtudes humanas como: el respeto, la templanza, la fortaleza, el pudor, etc.
    • Miedo de perder al otro
    • Presión del grupo social al que pertenecen
    • Intención de comprometer al otro a casarse
    • Curiosidad
    • Copiar conductas que se ven en otros o en los medios de comunicación

Por qué no conviene que los novios tengan relaciones sexuales previas al matrimonio. Posibles consecuencias

  • Manifiestan egoísmo en uno de ellos o en los dos
  • No se pertenecen el uno al otro
  • Supone mentir con el cuerpo
  • Se convierten en cómplices de un acto indebido
  • No se deben el uno al otro
  • Luego de la primera vez, es más difícil resistirse
  • Se pierden el respeto
  • Se pierden la confianza
  • Se justifican los celos
  • Pierden la ilusión de casarse
  • Se puede alargar el noviazgo
  • Se puede apresurar el matrimonio
  • Pierden libertad para romper, se sienten atados aunque no lo están
  • Se casan bajo presión, sin total libertad
  • El matrimonio podría ser inválido
  • Posible embarazo
  • Posible abandono del padre del bebé
  • Duda del hombre acerca de su paternidad (“si lo hace conmigo, ¿cómo sé que no lo ha hecho con otro?”
  • Tentación de abortar
  • Presión para abortar, por parte del novio y/o de la familia y otras personas
  • Miedo de la mujer de tener que enfrentar a un esposo, cuando ya tuvo relaciones antes con otro novio
  • Celos del esposo por el pasado
  • Desconfianza, del presente y futuro, de la fidelidad en la vida conyugal
  • Desencanto de la relación sexual conyugal por haberse acostumbrado a la prohibición (ahora ausente)
  • Dificultad para educar a los hijos en la continencia sexual por tendencia a auto-justificarse (sobre todo cuando ha habido embarazo antes del matrimonio)
  • Comparación cuando se han tenido relaciones con otras personas
  • Recuerdos, imágenes y experiencias anteriores que es difícil aislar de la relación sexual conyugal y que la contaminan.
  • Quien más pierde es la mujer, y en caso de embarazo el hijo.

O.F. María Teresa Magallanes Villarreal


Deja un comentario

La educación para el amor, el noviazgo y el matrimonio (2)

agarrados_de_la_manoEl noviazgo

Los jóvenes suelen confundir el noviazgo con otro tipo de relación entre hombre y mujer. A veces lo confunden con la amistad, a veces con la relación de amantes, otras veces con un juego hecho de trivialidad. Una vez se preguntó a un grupo de jóvenes “¿para que quieren tener novio?” Y la respuesta de una jovencita de 17 años fue la siguiente: “para tener quién me bese”.

Igual podrían otras jóvenes decir: para tener con quien ir al cine, para que alguien me pague el café, para presumir a mis amigas, para tener más popularidad en mi grupo, etc. No cabe duda que la confusión acerca de lo que es el noviazgo se origina en lo que los padres enseñan sobre el tema desde que los hijos son pequeños. Por ejemplo: no es raro encontrar papás que hablan del “noviazgo” de sus hijos desde que están en el jardín de niños. Otros, especialmente los hombres, continuamente insisten a sus hijos varones en que se fijen en las niñas. “¿Ya viste que niña más bonita?”, o “a poco todavía no tienes novia”. Estas costumbres generan desde la infancia una idea errónea de lo que es el noviazgo.

El noviazgo es una relación entre un hombre y una mujer, que se establece de forma ponderada, libre y responsable, teniendo para ello la madurez biológica y psicológica propia de la edad juvenil o edades posteriores. Es una relación que tiende a ser amorosa o que ha empezado ya a serlo. Es la decisión de unos jóvenes, de distinto sexo, de darse la oportunidad de desarrollar entre ellos un proceso amoroso. El noviazgo es una situación intermedia entre la amistad y el matrimonio; es siempre una relación temporal y no permanente.

El noviazgo tiene sus fines, que no son los que muchos jóvenes piensan. Los fines del noviazgo giran en torno al conocimiento: Conocimiento de sí mismos; conocimiento del otro; conocimiento de la relación, es decir, de la forma en que combinan o no con el modo de ser del otro; conocimiento de la familia del otro; conocimiento de lo que es el matrimonio.

Primero que nada, el noviazgo propicia un mayor y mejor conocimiento de sí mismos. Los jóvenes, que han atravesado ya su etapa adolescente, tienen un buen conocimiento de quiénes son y cómo son, sin embargo, la situación de noviazgo les ayudará a conocer muchos otros aspectos de su personalidad antes no vislumbrados. En esta relación descubrirán la forma en que reaccionan ante situaciones nuevas, por ej.: si son o no celosos, absorbentes, egoístas, posesivos, seguros de sí mismos; podrán identificar la naturaleza de sus sentimientos, y su grado de susceptibilidad; si existe o no una verdadera atracción hacia el otro; si sienten confianza de mostrarse tal y como son, con sinceridad; descubrirán su forma de reaccionar y si tienen capacidad de enfrentar conflictos y resolver problemas en la relación con el otro, etc., y todo esto implica un mejor conocimiento de sí mismos.

Otra gran finalidad del noviazgo consiste en conocer al otro, en saber cómo es en realidad. Se trata de conocer del otro los mismos aspectos que se están conociendo de si mismo, de ir más allá de lo que la atracción natural por el otro nos deja ver. Durante el noviazgo y precisamente por ser una relación de amor creciente, suelen verse claramente, no sólo las cualidades que el otro tiene, sino hasta las que realmente no tiene. Sin embargo una de las trampas del noviazgo está en la dificultad para identificar los defectos del otro. En primer lugar, porque puede ser que el otro, con el afán de agradar y conquistar a la novia o novio, —deliberadamente o no— oculte esos defectos, pero también porque el amor que ha comenzado a crecer no les deja ver con claridad los defectos que el otro tiene y que otras personas si ven en él o ella. No es raro que los padres de una joven vean con claridad los defectos de su novio y que ella no pueda verlos. ¡Ya los verá cuando se case con él! El conocimiento entre los novios debe ser mutuo y en este sentido, la intención de ser sinceros debe ser la tónica del noviazgo, de otra manera se estarían haciendo tontos a sí mismos y entre ellos. Es necesario que, por encima del afán de agradar al otro, se esfuercen por comportarse como realmente son.

Unida a esta necesidad de conocerse mutuamente, está la de conocer cómo funciona su relación. Puede haber dos jóvenes que en lo individual —cada uno—sea muy valioso, pero que no sean el uno para el otro; que por su modo de ser, su relación no resulte apropiada y por lo tanto no ofrezca la posibilidad de un matrimonio exitoso. Cuando esto sucede es muy importante que los novios recuerden que el noviazgo es una relación destinada a terminar de una forma o de otra: por ruptura o por matrimonio. Cuando esta inconveniencia se empieza a notar, ha de haber en uno o en los dos la valentía necesaria para romper cuanto antes. Antes de que el amor llegue a ser tan fuerte que les sea cada vez más difícil tomar la decisión de romper, y les lleve a un matrimonio en el que no podrán construir juntos su felicidad y la de su futura familia. El noviazgo, si se vive con sinceridad, puede ser un pequeño muestrario de lo que será la vida conyugal. Cuando entre los novios hay conflictos demasiado fuertes y frecuentes, es claro que su relación no tiene un buen futuro.

Otra cuestión importante, sobre todo cuando el noviazgo va en serio, es la conveniencia del conocimiento de las familias de uno y otro. No hay que olvidar que “hijo de tigre, pintito”, es decir, que los novios son en gran parte un reflejo de la familia en la que han crecido; que de sus padres han heredado algunos de los rasgos de su personalidad, y que han sido educados por esos padres y, por lo tanto, tienen criterios, conductas y costumbres aprendidas en su familia. Aunque no nos casamos con la familia del otro, los casados no deben ni pueden desligarse totalmente de su familia. Y, aunque se desligaran de ella, al matrimonio llevan, cada uno, todo lo que han aprendido a vivir en su familia. Además cuando en una, o las dos familias no hay aceptación del novio (o novia) la relación de los novios, y en el futuro de los esposos, enfrentará enormes dificultades y generará sufrimientos adicionales nada deseables.

Una finalidad propia del noviazgo es el que los novios estudien y aprendan lo que es el matrimonio; el matrimonio como institución natural y social, con todas sus características: sus propiedades, sus fines, sus bienes. De todo esto deben hablar los novios entre sí. Conviene, por ej.: que lean juntos uno o más  buenos libros sobre el tema, que los comenten, que los discutan con objeto de saber, no sólo lo que es el matrimonio, sino lo que uno y el otro piensan sobre ello; lo que cada uno espera de su matrimonio y de cómo está dispuesto a contribuir en la construcción de ese posible matrimonio. Una cuestión clave será lo que piensan cada uno de la fidelidad conyugal, de si es posible, ya que algunas personas, sobre todo hombres, piensan que no; de si es un deber tanto del hombre como de la mujer, ya que algunos hombres piensan que solo es deber de la mujer, de si merece o no perdón la infidelidad. Es necesario que hablen sobre lo que cada uno piensa sobre el divorcio, sobre si lo están considerando como una opción en el caso de que el matrimonio no resulte como cada uno espera.

Es importante hacer notar que cuando una pareja contrae matrimonio teniendo en su mente la idea del divorcio como solución a los problemas conyugales, ese matrimonio, precisamente por esa mentalidad, no garantiza su éxito. Conviene que los novios hablen sobre lo que piensan de los posibles hijos, sobre la responsabilidad de ambos esposos en su crianza, su atención y educación; sobre los roles que tienen el hombre y la mujer en la vida conyugal; sobre el trabajo de la mujer fuera del hogar y sobre el trabajo del hombre en el hogar, etc.

Una finalidad importante del noviazgo es la de estar en condiciones de tomar una decisión trascendente entre dos alternativas: la de casarse o la de romper la relación. Si el proceso de todas las formas de conocimiento que hemos descrito ha sido adecuado, y si el amor no ha dejado a los novios totalmente ciegos, podrán tomar la decisión con toda libertad, tanto en un sentido como en el otro.

Todo lo que hemos visto hasta ahora nos lleva a la conclusión de que los novios deben pasar la mayor parte del tiempo que están juntos hablando, dialogando y en cierta medida llegando a acuerdos sobre cuestiones importantes para la viabilidad de su relación presente y futura. Aquí conviene aclarar que la mayor parte de los jóvenes no lo entiende así. Muchos piensan que el noviazgo es para divertirse, para pasarla bien, para experimentar sensaciones placenteras por el contacto físico en diferentes niveles. Conviene caer en cuenta de que hay que ayudar a los jóvenes a entender que cuando se empiezan a “tocar”, dejan de hablar; dejan de comunicarse a nivel afectivo y racional y, por lo tanto, desperdician la oportunidad de conocerse mejor. No es el conocimiento a nivel sexual el propio de esta etapa de la vida y de la relación amorosa llamada noviazgo. Por eso, las manifestaciones de amor entre los novios deben ser medidas por el derecho que se tiene y el que no se tiene. Es normal y bueno que se demuestren su amor con caricias y con besos, pero es conveniente que estas manifestaciones no excedan su carácter de manifestación de amor, y terminen siendo una expresión del afán de posesión del otro que, en estas condiciones, manifiesta más bien egoísmo.

Otra cuestión importante es la de la duración del noviazgo. Si el noviazgo es una etapa de preparación para el matrimonio, es necesario que dure el tiempo apropiado para que ese proceso se realice. Por eso, un noviazgo demasiado corto no permite ahondar en el conocimiento necesario ni que el proceso amoroso madure lo suficiente para tomar una decisión acertada acerca del matrimonio. Generalmente, deparará demasiadas sorpresas, muchas de ellas desagradables, para la vida conyugal y puede ser causa del fracaso matrimonial.

Por el contrario, un noviazgo demasiado largo tiene también sus desventajas y sus riesgos: el aburrimiento, el acostumbramiento, el enfriamientos del amor, el iniciar relaciones sexuales, con todas las consecuencias negativas que conllevan en esas circunstancias, debido a la no coincidencia del tiempo en que el proceso amoroso ha madurado y reclama ya una vida conyugal con aquel en el que ya es posible casarse, por razones económicas, por ejemplo. Por todo esto, es conveniente que los jóvenes no inicien su noviazgo demasiado pronto, por ej.: mientras son todavía adolescentes. Otra cosa es que en esa edad comiencen noviazgos sucesivos, nunca simultáneos, como intentos de encontrar a la persona idónea con quien casarse.

Los novios se deben tratar, primero que nada, con respeto y confianza. Entre ellos el trato debe ser delicado pero, sobre todo, sincero; deben ejercitar la comprensión y es válido que se expresen su amor con cariño, todo esto gobernado por la prudencia para evitar los errores que suelen cometerse durante el noviazgo y que pueden tener consecuencias negativas.

O.F. María Teresa Magallanes V.

(En la próxima entrega: El matrimonio)


Deja un comentario

La educación para el amor: el noviazgo y el matrimonio (1)

Imagen

Por: O.F. Ma. Teresa Magallanes V.

La educación de los jóvenes en estos aspectos es tan importante como que de ello puede depender su felicidad futura, y no sólo la suya, sino también la de su futuro matrimonio y familia. Lo primero que habrá que hacer es esclarecer los tres conceptos enunciados en el título de esta nota técnica.

1. EL AMOR

Los jóvenes suelen tener una idea muy peculiar de lo que es el amor. Muchos lo identifican con el sexo, si son hombres, o con el puro sentimiento si son mujeres. Pero, aunque un tipo de amor tiene que ver con el sexo —el amor conyugal—, y aunque todo amor involucra al sentimiento, ambas ideas sobre el amor son inexactas e incompletas.

Es muy importante aclarar que hay muchos tipos de amor que no tienen nada que ver con el sexo. El ser humano, por ser sexuado, en todo actúa siempre desde su ser personal sexuado, es decir como persona-hombre o como persona-mujer. Sin embargo en la mayor parte de sus relaciones amorosas, no ama a la otra persona por ser diferentemente sexuada, sino únicamente por ser persona y además por el vínculo, o relación, que le une a ella. Por ej.: el papá ama a su hija, pero no la ama como mujer y por ser mujer, sino que la ama por ser persona y por ser su hija. Lo mismo se puede decir a la inversa. El hijo no ama a su madre como mujer sino como persona-mamá y viceversa.

Lo mismo ocurre en la amistad. Ese tipo de amor es asexual. Se pueden tener amigos del mismo o del otro sexo. Hay que reconocer que la amistad entre distintos sexos puede transformarse en cualquier momento en un amor distinto, en amor entre hombre y mujer, que ya no se ven sólo como amigos porque comienzan a incluir en su amistad original el interés por el otro en cuanto diferentemente sexuado.

Entonces, ¿qué es el amor? “El amor es un movimiento unitivo radical de la persona con el bien”. Según esta definición, cuando una persona identifica a otra como un bien para sí, en ella surge, desde el fondo de su ser, la tendencia a buscar la unidad con ese “bien” (o su posesión). Ese movimiento abarca al sentimiento y, más radicalmente, a la voluntad. En el sentimiento, la persona es un sujeto pasivo, —el sentimiento le “sucede” sin su permiso— la persona es movida por él, en cambio, el movimiento voluntario es originado de manera libre por la persona del que ama. De ese movimiento, la persona es sujeto, es protagonista, no le “sucede”, aunque el sentimiento intervenga. En el amor entre hombre y mujer, interviene además la tendencia sexual que genera una atracción entre uno y otra. La mayor parte de las veces, esa tendencia es lo primero que interviene en el despertar del amor entre ellos.

Conviene además aclarar que el amor tiene dos vertientes, una que implica el ver a la otra persona como un bien “para mi”, y la otra que consiste en ver a la otra persona como un bien en sí misma y tender a desear y querer para ella el mayor bien posible, al grado de estar dispuesto a ser “yo” el bien de ella, o incluso a buscar su bien aunque ese consista en que yo me haga a un lado. Generalmente ese tipo de amor lo viven bien los padres respecto de sus hijos. El padre o la madre, que ama a su hijo, estarán dispuestos a negarse a sí mismos, por ej.: a separarse de él, con tal de favorecer la felicidad o el bien del hijo. En el amor entre hombre y mujer, es más difícil encontrar este tipo de heroísmo, aunque puede llegar a darse, y ocasiona un enorme sufrimiento en quien renuncia al otro con tal de que el otro logre su felicidad.

En el amor de quien ve al otro como “algo” conveniente para sí, estamos ante un movimiento que no es propiamente amor, sino puro egoísmo. En quien ve en el otro a alguien, que no es un simple medio sino una persona, en quien podría encontrar la propia felicidad quedan aún muchos rastros de egoísmo, aunque es una forma natural del surgimiento del amor, una primera etapa del proceso amoroso. Pero cuando el amor ha madurado, sin dejar de considerar al otro como aquel que me podría hacer feliz, empieza a preocuparse más por la felicidad y el bien del otro que por los propios, estamos ante un verdadero amor.

En la educación de los jóvenes es necesario enseñarles a distinguir estas cuestiones para que sepan identificar qué es lo que existe entre ellos, cuál es su tipo de amor, en qué etapa del proceso se encuentran o, en todo caso, si lo que hay entre ellos es simplemente atracción sexual. Entre los jóvenes de hoy, la idea de que lo más importante es “la química” que puede haber entre ellos ha alcanzado mucha popularidad. Sin embargo, si basan su juicio acerca de la viabilidad de una relación solamente en eso, lo más probable es que no acierten en la elección de su futuro cónyuge. ¿Qué es la famosa “química”? No es otra cosa que la identificación que una persona encuentra con otra por corresponder al tipo de hombre o de mujer que tiene establecido como el adecuado. Generalmente tiene que ver con el tipo o apariencia física, pero sobre todo con el perfil psicológico de la otra persona que se descubre como atractivo por ser adecuado o complementario al propio perfil de personalidad.

Se puede decir que no existe química entre un hombre y una mujer cuando uno siente atracción por el otro pero al otro no le sucede lo mismo. Esto quiere decir que cuando coincide entre ellos lo que cada uno busca y espera encontrar en la otra persona, se da la química. Sin embargo, la importancia que le dan los jóvenes a esto es excesiva, ya que puede ser que en una pareja de jóvenes, que no encuentran química entre ellos, luego de tratarse el tiempo suficiente surja un amor verdadero que genere, con creces, lo que al principio parecía faltar.

(En la próxima entrega: El noviazgo)